Diatribas de un resentido - La batalla ínfima I
"Cada acierto nos trae un enemigo. Para ser popular hay que ser mediocre", decía Wilde. Ahora lo entiendo a toda luz. Ahora me explico porque siempre me sobran las personas que se autodenominan enemigos míos. La fama que han hecho de mí esta construida a base de testimonios propios de ellos. ¿Algo bueno han de decir?. Ni idea. Pero hasta el hartazgo estoy ya.
Qué si tengo el semblante más pusilánime parezco que le odio. Qué si no sigo ciertas directrices que van al son de la corrección política, le odio. Qué si no hago sonrisitas que muestren aquiescencia, le odio. Qué si no deseo ser parte de su séquito, también le odio. Si la justicia actuará en torno a las premisas...
La maldad es muy díficil de entenderse en su totalidad. Es díficil verle un lado 'menos nocivo' pues, mientras mas bondadoso aparenta ser, más hipocresía se ha de encontrar.
Y una de mis tantas taras es, precisamente, que consideraba hasta cierto día una creencia (prejuicio o estereotipo) cómo inobjetable. Creí que la bondad era virtud intrínseca de quién tenía algún defecto físico. Me caí de cara.
Había considerado mal en creer débil e inútil a tal persona. Consideré que la adversidad era sinónimo de humildad y que era recesión también. Me equivoque. De esos errores que son realmente colosales. Y es que se ha empecinado en ser la piedra en mi zapato. En no escatimar esfuerzos en dejarme mal parado. Y yo que pensaba que no había peor ejemplo que Galarreta (¡¡Que ejemplo!!). Qué la maldad y la vileza distinguía entre la capacidad y la incapacidad. Qué los poseedores de defectos, por muy ínfimos en si, los haría exentos de maldad. Pensaba mal.
Pero sinceramente no espero rectificación alguna. Todas las ignominias han de ser tomadas como si de la basura llegasen. Cómo las miserias que representa el que las profiere. Cómo la desfachatez que representa cuando las hace de sabihonda. Y cuando lo patético deje de ser inherente a su vida en resumen. Cuando deje de tener aires de soberbia. Cuando sea coherente con lo que hace y dice. Tal vez hablemos. Tal vez.
Qué si tengo el semblante más pusilánime parezco que le odio. Qué si no sigo ciertas directrices que van al son de la corrección política, le odio. Qué si no hago sonrisitas que muestren aquiescencia, le odio. Qué si no deseo ser parte de su séquito, también le odio. Si la justicia actuará en torno a las premisas...
La maldad es muy díficil de entenderse en su totalidad. Es díficil verle un lado 'menos nocivo' pues, mientras mas bondadoso aparenta ser, más hipocresía se ha de encontrar.
Y una de mis tantas taras es, precisamente, que consideraba hasta cierto día una creencia (prejuicio o estereotipo) cómo inobjetable. Creí que la bondad era virtud intrínseca de quién tenía algún defecto físico. Me caí de cara.
Había considerado mal en creer débil e inútil a tal persona. Consideré que la adversidad era sinónimo de humildad y que era recesión también. Me equivoque. De esos errores que son realmente colosales. Y es que se ha empecinado en ser la piedra en mi zapato. En no escatimar esfuerzos en dejarme mal parado. Y yo que pensaba que no había peor ejemplo que Galarreta (¡¡Que ejemplo!!). Qué la maldad y la vileza distinguía entre la capacidad y la incapacidad. Qué los poseedores de defectos, por muy ínfimos en si, los haría exentos de maldad. Pensaba mal.
Pero sinceramente no espero rectificación alguna. Todas las ignominias han de ser tomadas como si de la basura llegasen. Cómo las miserias que representa el que las profiere. Cómo la desfachatez que representa cuando las hace de sabihonda. Y cuando lo patético deje de ser inherente a su vida en resumen. Cuando deje de tener aires de soberbia. Cuando sea coherente con lo que hace y dice. Tal vez hablemos. Tal vez.

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