De sol a sol - Derecha subordinada
Antes la odiar la izquierda era necesario y un deber moral. El terrorismo y la tergiversación nefasta de Mao y Stalin hicieron que las mayorías abracen, casi, el neoliberalismo y forjen un amor a la derecha que asomaba, discretamente, la asunción del poder global. Pronto el neoliberalismo fracasó y en los últimos años vimos infructuoso el intento de Macri en la Argentina, sumida hoy en una profunda crisis.
El error es creer en extremismos. Recibir con loas a la derecha es y será un error. Se ha defenestrado a la izquierda del sistema político simbólicamente. Hoy no hay -de derecha, por supuesto- quien no avale las dictaduras de antaño, las de Pinochet, la del no menos latrocida Fujimori, entre otras muchas.
Y hoy se habla de una dictadura golpista, comunista, chavista, castrista y todos los 'ismos' posibles. Siendo eso nada más que infundios, cabe aclarar que ese sector que las promueve es precisamente el de derecha, de la Confiep. Tenemos un representante empresarial poco altruista. No representa en absoluto a las pequeñas empresas ni al empresariado peruano. Parece representar al pequeño, pero poderoso, poder oligárquico que aún predomina en este país cada vez más invadido por los grupos transnacionales.
Les asustan los medicamentos genéricos, el control del monopolio empresarial, los precios que -con aliados legislando, claro esta- manipulaban a su antojo, entre otros más de sus temores monetarios. Temen ser fiscalizados de verdad. Temen que el país que antes era su patio trasero empiece a ser un país, pero de verdad. Ver sus intereses escurrirse por un inodoro es pánico derechista, pero están seguros de que no han caído aún.
Las universidades de fachadas bamba elaboran vasallos del empresariado derechista. Estos defenderán sus ideales como suyos. Y en eso vemos la publicidad mediocre que ofrecen. Los datos que solicitan, con dádiva de por medio. ¿Que pretenden? ¿Intentando hacernos subordinados de derecha? ¿Del dinero? Ahora no, respondo. Ahora no.
El error es creer en extremismos. Recibir con loas a la derecha es y será un error. Se ha defenestrado a la izquierda del sistema político simbólicamente. Hoy no hay -de derecha, por supuesto- quien no avale las dictaduras de antaño, las de Pinochet, la del no menos latrocida Fujimori, entre otras muchas.
Y hoy se habla de una dictadura golpista, comunista, chavista, castrista y todos los 'ismos' posibles. Siendo eso nada más que infundios, cabe aclarar que ese sector que las promueve es precisamente el de derecha, de la Confiep. Tenemos un representante empresarial poco altruista. No representa en absoluto a las pequeñas empresas ni al empresariado peruano. Parece representar al pequeño, pero poderoso, poder oligárquico que aún predomina en este país cada vez más invadido por los grupos transnacionales.
Les asustan los medicamentos genéricos, el control del monopolio empresarial, los precios que -con aliados legislando, claro esta- manipulaban a su antojo, entre otros más de sus temores monetarios. Temen ser fiscalizados de verdad. Temen que el país que antes era su patio trasero empiece a ser un país, pero de verdad. Ver sus intereses escurrirse por un inodoro es pánico derechista, pero están seguros de que no han caído aún.
Las universidades de fachadas bamba elaboran vasallos del empresariado derechista. Estos defenderán sus ideales como suyos. Y en eso vemos la publicidad mediocre que ofrecen. Los datos que solicitan, con dádiva de por medio. ¿Que pretenden? ¿Intentando hacernos subordinados de derecha? ¿Del dinero? Ahora no, respondo. Ahora no.

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